También se pierde la sensación de esperar algo material con infinito deseo, como en las navidades y cumpleaños. De hecho, para mí, las navidades hoy no tienen el gustito de antes, ese olor que se respiraba en el aire, a navidad, a felicidad. Podrían haberme congelado todo el año y al despertarme durante las primeras semanas de Diciembre, sin siquiera abrir los ojos, podía haber olfateado el aire y saber que se acercaba. Había una magia extraña que flotaba en toda la ciudad. Y al acercarse las 12 de la mañana del día 25, nadie nos quitaba la sonrisa dibujada en la cara de todos los primos que teníamos la misma edad, esperando, contando cada segundo que faltaba para que llegara la ansiada hora de abrir los regalos. Algunos incluso al abrir los regalos lloraban, porque eran sensaciones demasiado fuertes y, por lo mismo, no se olvidaran.
Pareciera que no hubiese querido crecer, pero no es así. Bueno tal vez un poco.

Ahora cambian las cosas que hacemos y lo que nos gusta hacer (que no es lo mismo).
Hoy, la felicidad es mas esquiva, pero igual se alcanza, y al hacerlo, se siente distinta, se saborea mejor, porque hoy sabes que es valiosa.
Hacer el amor con la persona que amas, que mejor momento, compartirse enteros, para después poder quedar abrasados, en un momento sin tiempo y sin preocupaciones. Saber que tienes a alguien a tu lado, a quien amas y te encanta como es, a quien respetas y te sorprende cada día, por como es, por lo que piensa, por como huele, o simplemente, por como se ve.
Reírse, al juntarse con tus amigos, gente que conoces recorriendo la vida y que a diferencia de la familia, se pueden elegir o ganar, y a quienes pasas de ver seguido a verlos en estas pocas ocasiones. Juntarse con ellos a tomar unas cervezas y fumar aquella publicitada, popular y controvertida droga, marihuana, que te lleva a recorrer tu propia mente, a pensar mucho, pero no muy bien, mientras conversas, juegas a alguna de aquellas nuevas consolas de videojuegos o solo respondes monosílabos mientras escuchas a alguien que te habla o a ti mismo que te conversas.
Es diferente la felicidad hoy, pero no se pierde, solo cambia Tal vez es más especial, pero menos duradera, pues siempre falta el maldito tiempo. De hecho, por esa sensación de que es poco, hoy dejo bastante de lado a mi familia. Por que pasa sin detenerse por nadie ni respetar lo que queremos, siempre en los mejores momentos se apura, avanza lo más rápido que puede, mientras que en los momentos aburridos o para olvidar, comienza a ir más lento, a veces ni siquiera se mueve, como queriendo burlarse de nosotros y mostrar que es él quien manda y hay que admitirlo, es el que realmente gobierna este mundo y el universo. Nos queda solo disfrutar al máximo de esos momentos felices e intentar mantenerlos dentro nuestro, pues ese es el real tesoro que tenemos, por que el presente ya no está y mañana todo será un recuerdo.
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