Es sorprendente como la tradición puede muchas veces sobrepasar a los hechos. Un claro ejemplo es la marihuana y su prohibición, frente al casi fomento social del alcohol. ¿Por qué un padre puede juntarse con sus amigos a consumir alcohol y tabaco indiscriminadamente, sin importar que sus hijos lo vean y probablemente, en un futuro no muy lejano, imiten esta dañina actitud, sin siquiera juzgar el hecho de que son drogas en sí? Las muertes causadas por drogas legales como el tabaco y el alcohol no se comparan con ninguna otra ilegal. Lo peor es que por alcohol, las muertes generalmente involucran a personas inocentes, muchas de ellas que no están ni siquiera bajo su influencia, en los espectaculares accidentes de tránsito y actos descontrolados. Y esas campañas que aparecen en la televisión contra la marihuana, por favor, son ridículas. Elegimos (o aprendemos) utilizar indiscriminadamente estas drogas letales, y justamente su exceso es el que nos mata. Si las personas fumaran tabaco una o dos veces a la semana no morirían de afecciones pulmonares. Lo mismo pasa con la comida chatarra, se debiera desincentivar su consumo en exceso, y en general casi todo lo que causa algún placer (ironías de la vida (excepto el sexo)).No incentivo el uso de marihuana, si no que antes que el alcohol, esta tiene un impacto social menor, ya que solo daña al que la usa. El comportamiento del individuo se pierde entre sus pensamientos, a veces no se nota siquiera la presencia de alguien que ha consumido. La inactividad a la que tiende el adicto a la marihuana, es la real secuela grave, a ser una persona con ganas de estar acostado todo el día, sumido en la inactividad, pensando en un futuro mejor, que nunca llegara pues nada se hace para ello. En cambio el alcohol, al desinhibirnos, o dicho de otra forma, perder gran parte del “control” que realiza la corteza cerebral, aumenta nuestro lado animal, los deseos de llevar al límite las acciones, pues comienza a ejercer el control nuestro cerebro primitivo, el hipotálamo, llevándonos a actitudes que nos sorprenderían en nuestro estado normal, y esto al parecer, nos encanta, el hecho de volver a ser nuevamente animales, libres, pues en general, estamos bien atados a la racionalidad y es ese momento cuando suceden las peleas y muertes. Al ser bien utilizadas y sin excesos las drogas nos hacen pasar un momento agradable.

Por esto se debieran sacar las prohibiciones sobre las drogas y enfocar los esfuerzos en desincentivar su uso, mediante buenas campañas y principalmente educación. La prohibición llama a ser rota, excita el espíritu traspasar las normas, sobre todo, si se piensa que estas no tienen sentido. Y estas ridículas prohibiciones, no son siquiera concretas, y nunca lo serán, pues es muy fácil conseguir una gran variedad de drogas ilegales en distintos sectores sociales, ya que están en todos lados, solo que a un precio elevado, lo que no hace disminuir su consumo, sino llevar a la miseria y a la delincuencia a los que son adictos a ellas. Mucha gente las utiliza y nadie siquiera se entera. El crimen que arrastra la prohibición es lo que se puede evitar, las mafias y sus muertes. Porque al parecer, las personas en general, requieren de alguna sustancia externa que los saque de su estado psíquico normal, como una vía de escape de una vida que no nos llena demasiado, mediante alcohol, tabaco u otro tipo de droga, o simplemente inofensivas pastillas para el sueño (dueñas de casa adictas a medicamentos para dormir). Probablemente es parte de nuestra naturaleza la ingesta de sustancias que nos cambien la percepción, pues de hecho existen primates alcohólicos, que comen frutas que al caer de los arboles comienzan a fermentar, produciendo alcohol, o lamen ranas venenosas que en pequeñas cantidades son alucinógenas. Es como que por ser seres inteligente, racionales, se nos condena a vivir subyugado a ello, logrando escapar estas pocas veces en que se utilizan drogas de esta condena racional, y volver a nuestra naturaleza animal perdida hace millones de años, que anhelamos dentro de un recuerdo casi genético.
La gracia es poder llevar una vida sana, drogándose (entiéndase todas las drogas, legales e ilegales) muy poco los que quieran, nunca es mejor aun, y utilizar nuestro poder mental para abstraernos de nuestra realidad, y pasar a niveles de conciencia más elevados, sin recurrir a agentes externos, autoconvensernos de la inutilidad de ellos, y superarlos mediante la educación y nunca la prohibición, para terminar con esta enfermedad, casi elegida, a la que hemos llegado como sociedad.

